No siempre se trata de gritos o malas formas. A menudo, el liderazgo tóxico se manifiesta a través de conductas que erosionan la confianza, la motivación y el rendimiento de los equipos.
Algunas señales de alerta son: ✅ Control excesivo y falta de delegación. ✅ Comunicación humillante o agresiva. ✅ Cambios constantes de criterio e imprevisibilidad. ✅ Falta de empatía hacia las personas. ✅ Apropiación de logros y desplazamiento de culpas. ✅ Rechazo a la crítica o al debate constructivo. ✅ Favoritismos y trato desigual. ✅ Opacidad y manipulación de la información. ✅ Objetivos imposibles o exigencias incoherentes. ✅ Falta de integridad entre lo que se dice y lo que se hace.
Un mando puede tener autoridad por su cargo, pero el verdadero liderazgo se gana generando confianza, respeto y compromiso.
Las personas no suelen abandonar organizaciones; suelen abandonar malos liderazgos.
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